Uno de cada tres estudiantes españoles abandona o cambia sus estudios universitarios. Un drama que frustra a miles de jóvenes cada y preocupa hondamente a sus familias, por no hablar de los miles de euros perdidos por estas familias si sus hijos estudian fuera de su localidad o se matriculan en una universidad privada. La causa: decidir que quieren ser a los 17 años sin haber encontrado su vocación. La orientación vocacional que se hace hoy en los centros es esencialmente informativa: charlas, ferias, tests. No permite experimentar posibles profesiones. Nadie sabe si le gusta una naranja sin probarla, ni si prefiere la bicicleta de carretera o la de montaña sin pedalear en ambas. Así pues, ¿cómo va a saber si quiere ser médico, arquitecto o ingeniero sin haber explorado mínimamente estas profesiones?. Esta ponencia propone un cambio de paradigma: pasar de la orientación que informa a la orientación que permite experimentar. En un mercado en claro descenso demográfico y por tanto con mayor competencia por captar alumnado, el colegio que transforme la orientación en una experiencia real conseguirá dos cosas a la vez: alumnos y familias profundamente agradecidos y una imagen de centro diferente y referente. La captación de alumnado será una consecuencia natural de un proyecto educativo verdaderamente diferenciado. Conseguirlo no es utópico. Incluso es sencillo y no requiere apenas esfuerzo para el centro.